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Materia Fugaz (Photopetry) Fotos de Lita Bosch y poemas de Estel Solé |
Hay cuerpos que son aeropuertos internacionales. Entra y sale la luz sin pasaporte, no requiere credenciales. Ilumina y se marcha. Desnuda, la piel resiste expectativas y viajes.
Estel Solé
Tal y como me pasó con Marwan, hoy quiero hablaros de otro de mis emocionantes hallazgos literarios. Hace un par de años conocí a Estel Solé haciendo zapping desde el sofá. Interpretaba el papel de Marina, una joven camarera de personalidad más bien estereotipada y una trayectoría con fecha de caducidad en la serie La Riera, de TV3. La verdad sea dicha, Solé no me cautivó demasiado como actriz y aunque me enganché a la telenovela en cuestión, pronto olvidé su personaje. Aun así, al cabo de un tiempo encontré de casualidad su cuenta en Instagram (a lo que me gustaría añadir que se trata de una magnífica plataforma para cotillear la vida de los "famosos" hasta tal punto que parezcan tus mejores amigos). Fue allí dónde descubrí su faceta de poeta y su primer libro de poemas, Dones que somiaven ser altres dones (Galerada, 2011), que acababa de ser galardonado con el Premio Amadeu Oller.
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| Si uneixes tots els punts |
Me fascinó. Con Estel ratifiqué eso de que las apariencias engañan. Y más en poesía. Dos años más tarde, la artista publicó su segundo libro, Si uneixes tots els punts (Galerada, 2013), acompañado de las geniales ilustraciones de su amiga Paula Bonet.
Creo que el éxito de esta escritora, la creatividad y la vena romántica de la cual me atrevería a decir que se han ido educando con los años, reside en su capacidad por difundir su obra a través de Internet y las redes sociales.
Muchos de sus poemas pueden leerse en el blog Vamos a comer ortigas, como también en su web. Pero no sólo eso. Estel comparte su proceso de creación a través de Instagram y Twitter (@EstelSole) a través de capturas de pantalla de su propio ordenador o fotografías de sus cuadernos de notas, sin que ningún pudor o recelo se lo impidan. La prueba de que no hay que tener miedo al fracaso, a dejarse conocer o a lanzar nuestras ideas a la red (ésta que a veces parece una fiera con ganas de devorar nuestros pequeños secretos).
Desde aquí os animo a leer sus poemas, algunos de los cuales ya se han hecho un hueco en mi mesilla de noche y hacen que considere a esta joven como un referente de la frescura y la espontaniedad que busco en la poesía romántica contemporánea. Con tan solo 27 años, Solé es capaz de capturar las imágenes que forman nuestro día a día más humano, natural e instintivo y convertirlas en pequeñas cápsulas de realidad y afecto. Sin duda, sus poemas evocan esos rayos de luz que se filtran por la ventana un domingo por la mañana. Estel Solé son buenas vibraciones, sábanas con estampado de flores, aeropuertos y caras desconocidas que no tienen porqué sernos extrañas.


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